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jueves, 21 de febrero de 2013

III CONCURSO DE PAREADOS Y VERSOS SATÍRICOS “Memorial Jordi Plens”


Durante los días 24, 25, y 26 de Mayo de 2013 se celebrará en LLeida (España) una fiesta muy conocida en todo el Estado y también en Europa. Se trata de “L´Aplec del Caragol” (la recogida del caracol), en el que se recogen caracoles y se degustan preparados “a la llauna” (al horno sobre una especie de bandeja de metal).

Desde 1980 a la orilla del río Segre y en los Campos Elíseos, se reúnen miles de personas, pertenecientes a peñas de Lleída y también visitantes, para celebrar las Jornadas Gastronómicas del Caracol. Alrededor del evento se celebran exposiciones, concursos, talleres para niños y mayores, actuaciones musicales y por supuesto la degustación de este curioso manjar, tanto en los locales de las peñas como en los numerosos restaurantes de la zona.

Uno de los concursos que queremos destacar por su directa relación con la temática de este blog es uno muy interesante: el de Pareados y Versos Satíricos. Tradición muy arraigada en ésta y otras provincias catalanas. Aquí les dejamos las bases.


BASES DEL III CONCURSO DE PAREADOS Y VERSOS SATÍRICOS/MEMORIAL JORDI PLENS

La Federación de Peñas del Aplec del Caracol de Lleída (FECOLL) convoca el III Concurso de pareados y versos satíricos/Memorial Jordi Plens para fomentar esta licencia literaria tan leridana, utilizada en aucas, discursos de Pau Pi, los Reyes Magos, loterías, garrotines y otros ramplonería.

El concurso se regirá por las siguientes BASES:


1. - Los pareados * y los versos satíricos ** pueden ser de temática libre, pero se valorará con mayor puntuación los que traten de Lleída, los caracoles y o de aspectos "carrinclones".

Caricatura del concurso
No se admitirán pareados con palabras malsonantes y con contenidos ofensivos y/o discriminatorios.


* Un pareado es el conjunto de dos versos pareados, generalmente de tono satírico o humorístico.


** Los versos satíricos pueden ser en cualquiera de sus combinaciones métricas con una máxima de una décima.


1.1. - La lengua predominante tanto en pareados como en versos deberá ser el catalán, aunque se podrán utilizar el castellano y el caló en breves intervenciones. No serán mal vistos los barbarismos de la mezcla de los 3 idiomas y las rimas forzadas.


1.2. - Las rimas deberán ser de tipo consonante.

2. - El autor/a escribirá un máximo de cinco pareados o un máximo de 10 líneas si son versos, con espacio interlineado de 1,5 y fuente de letra Arial y tamaño 12.

3. – Los participantes deberán enviar sus escritos por correo electrónico a: aplec@aplec.org o en la sede social de la Fecoll en un sobre donde pondrá "Concurso de pareados". Los trabajos pueden firmarse con seudónimo, pero deben llevar en un sobre el nombre y los dos apellidos del autor/a, la dirección, un teléfono de contacto y correo electrónico.


4. - El plazo de presentación de los escritos finalizará el 12 de abril, a las 13 horas. Todos los pareados y versos satíricos presentados quedarán en propiedad de la entidad, que estudiará la posibilidad de montar una exposición con las mejores obras presentadas.


5. - El jurado estará integrado por miembros de la junta directiva de la FECOLL, representantes del mundo literario leridano y algún "carrinclón".


6. - Se otorgará un único premio al mejor trabajo consistente en una ruta turística-gastronómica-cultural a la leridana consistente en recorrer tres conocidos rincones del Casco Antiguo con las siguientes degustaciones: desayuno en el histórico Bar Blasi, visita a la Seu Vella, para bajar el desayuno; vermut en el típico Bar La Cuadra, para volver a coger fuerza; almuerzo con menú carrinclón caracolero, en la sede social de la FECOLL, en lugar de hacer la siesta, se podrá ir a visitar el Museo Diocesano y abrir el apetito para disfrutar de una cena caracolera en el emblemático restaurante Els Trulls. Para ayudar a digerir todas las comidas, se obsequiará con un poco de literatura, concretamente con un ejemplar del libro Lo Nou Diccionari Lleidatà-Català.


6.1. - Las condiciones para disfrutar de este premio son que la gincana cultural y culinaria deberá realizarse durante un jueves o viernes, recomendamos durante el mes de junio o julio de este 2013 y sólo en un solo día de este.
Es un premio para dos personas, siempre con el ganador/a presente en todas las comidas y visitas, pero con la posibilidad de que el galardonado pueda ir acompañado de personas diferentes.

Habrá que confirmar la fecha exacta en que se hará uso del premio a la organización. El ganador/a puede renunciar a parte del premio, del que no se podrá beneficiar ninguna otra persona.


7. - La entrega del premio tendrá lugar durante la Semana Cultural del Aplec del Caracol y se avisará oportunamente al ganador.


8. - El veredicto del jurado será inapelable.


9. - El hecho de presentarse al concurso supone la aceptación de sus bases.

Lleída, febrero de 2013

martes, 19 de febrero de 2013

HUMOR EN TIEMPOS DE CRISIS, A TRAVÉS DE GERVASIO POSADAS Y EDUARDO MENDOZA


Al contrario de lo que podría pensarse, el humor es un elemento imprescindible en nuestra vida, es necesario para nuestra supervivencia, porque sin la risa, una de las manifestaciones de la alegría (y también de otros sentimientos más complejos) no seríamos personas sino seres indolentes como piedras, presa fácil de cualquier enfermedad, ya que está demostrado por estudios científicos que la risa genera sustancias que potencian nuestro sistema inmunológico mejor que cualquier yogur, y es capaz de aliviar el dolor como cualquier analgésico, además de no tener contraindicaciones, ni generar otro efecto secundario que agujetas en la mandíbula.

La risa nos ayuda a liberarnos de la tensión, a veces incluso de forma involuntaria o descontrolada, (¿quién no ha sufrido un ataque de risa que no puedes parar en un momento poco apropiado?) es el mecanismo de defensa de los seres racionales frente a situaciones estresantes o incluso de pánico.

Por eso hoy, un día cualquiera en mitad de la semana, nos atrevemos a proponer desde este blog una dosis de humor, de buen humor, para hacer frente a nuestras preocupaciones y desgracias. Para dejar de lado, siquiera unos minutos, el mal rollo que nos invade al ver las noticias, repletas más que nunca de desigualdades y dolor. Haremos una pausa en un oasis de sonrisas en medio de este desierto de arenosa crisis mundial, y para eso os traemos dos propuestas en forma de libros.

Gervasio Posadas

Empezamos por recomendar un libro recién salido del horno, hoy mismo en Sevilla, del escritor uruguayo Gervasio Posadas: “La venganza es dulce y además no engorda”, editado por Espasa, en el que nos ofrece en clave de humor, una visión sobre la venganza en un mundo en el que todos se mueven por intereses y se arriman al sol que más calienta. 

Un libro que vale, según Posadas, para reírte de la crisis y reflexionar sobre el mundo actual, en el que el rico quiere ser más rico y el pobre intenta ser menos pobre.

Nuestra segunda apuesta (aunque con retraso) es por Eduardo Mendoza, barcelonés de nacimiento y de corazón “blaugrana”, regresó el año pasado con todo su humor en la novela “El Enredo de la Bolsa y la Vida”, publicado por Seix Barral. 

Eduardo Mendoza
Esta es la cuarta novela protagonizada por el anónimo investigador que ya comenzara su andadura en 1979 con “El misterio de la cripta embrujada”, y continuó con “El Laberinto de las aceitunas” (1982) y “La aventura del tocador de señoras” (2001). 

Dejándose llevar por la “tontería y el disparate”, según sus propias palabras, Mendoza nos ofrece la visión de la ciudad de Barcelona colonizada por bazares chinos, en plena crisis económica provocada por los bancos y en el que su protagonista se dedica a tratar de evitar un atentado terrorista contra la canciller alemana Angela Merkel, ayudado por una singular cuadrilla compuesta por un timador profesional, un africano albino, un repartidor de pizza, una acordeonista callejera, una adolescente y el gerente de un restaurante llamado “Se vende perro”.

Así que no esperemos ni un minuto. Pásense por la librería y lean, su alma hambrienta de sonrisas se lo agradecerá.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL RETO DEL REGALO DE LOS HIJOS (y III)


Terminamos este conjunto de relatos con lo que creo que es la parte más relajada de la experiencia que supone este nuevo mundo que nos descubren nuestros hijos, espero haber sido capaz de arrancar alguna sonrisa y haber conseguido que algún lector se sintiera identificado en esta locura en la que nos embarcamos con la paternidad.

LAS VISITAS

Normalmente los primeros días que pasamos en casa con nuestro hijo son confusos, lo suelen ser por lo desconcertante de las nuevas situaciones y por las constantes visitas, si nuestra casa fuera una Web, lograríamos igualar el número de visitas anuales en tan solo un mes.

                                       
 La Sección de visitas suele ser inaugurada también por los Yayos, que lógicamente no quieren perderse ni un solo detalle de las habilidades del ya confirmado Rey de la casa. 

La vida del bebé suele ser bastante monótona, comer, dormir, sus necesidades a intervalos intermitentes para romper el climax del momento, y volvemos a iniciar el proceso. 

Aparentemente esto puede parecer aburrido, pero nada más lejos de la realidad….

Comenzamos con la hora de la siesta, esta sí que es digna de ser comentada, la hora de la siesta del pequeño es el mejor reclamo para una visita inoportuna y lo más parecido a un partido de futbol en la final de un Mundial, nunca podremos ver a más gente en tan solo dos metros cuadrados, sin pestañear, en completo silencio y además sonriendo. Esto es en realidad como si tuviéramos en casa un pequeño “Show de Truman”, solo tenemos que cambiar el monitor de 600 pulgadas por la cuna, y a Truman por nuestro retoño. 

El revuelo que se forma alrededor del nuevo escenario cuando nuestro Truman suspira, es comparable a un penalti en el último minuto del partido mencionado antes, tan solo nos falta que alguno de los asistentes sea capaz de comentar la jugada con el entusiasmo apropiado. 

 Continuamos con la sonrisa del bebé, ¿Por qué todo el mundo se empeña en que un bebé de tres días se pasa el día sonriendo?, si lo pensamos fríamente, en realidad su estado de ánimo seguramente será distinto. El pobre pasa por torturas de todo tipo, por ejemplo, siempre hay algún familiar fetichista que se empeña en verle los pies, sacándole así de su descanso y dejándole éstos fríos y a merced de la temida “pedorreta”, ¿Alguien se imagina lo difícil que sería mantener la compostura estando rodeado de gente con una sonrisa de oreja a oreja mientras algún desaprensivo nos pedorretea los pies?, ¿No será esa sonrisa un intento desesperado de decirnos “¿pero qué confianzas son éstas?, si ni siquiera nos han presentado formalmente”.
     
 En toda familia que se precie, existe un traductor de castellano – llanto, llanto – castellano. Esta persona normalmente no necesita apoyarse en las circunstancias que puedan acontecer en un momento determinado, sabe automáticamente si el lloro es por hambre, deposiciones, (y cuando es así, los que realmente conocen el oficio, saben cuando ésta es pipí, y cuando es popó), aburrimiento, cansancio, sueño, calor, o simplemente una llamada de atención al público asistente. 

Normalmente los papás no pondrán reparo alguno a tan fiel interpretación, accediendo a la demanda del nene según la traducción simultánea, por ejemplo preparando un biberón, o dándole el pecho la mamá. Cuando esto no funciona, normalmente el traductor repara entonces en que la entonación del tercer buuaaa ha sido en DO menor, por lo que cambia totalmente el contexto de la protesta y por tanto el motivo de ésta. Misteriosamente cuando coincide la visita de más de un traductor, nunca se corrigen entre ellos, por lo que creo firmemente que debe ser un pacto de no agresión entre colegas del gremio.

 Suele haber también entre estas visitas, un especialista en humor negro, haciendo gala de lo divertido que resulta que el niño intente, una y otra vez, que no se le salga el chupete cuando éste es atraído fuera de su boquita constantemente por una fuerza misteriosa. 

Afortunadamente este tipo de fenómenos extraños suelen ser sofocados por un elemento de la naturaleza llamado “Yaya”, ejerciendo un poder inusitado por medio de una cariñosa pero firme colleja que suele dejar sonrosado el cogote del humorista.

 El momento de la comida del pequeño, suele superar en audiencia al de la siesta, quedando éste acotado solo a mujeres si el bebé es amamantado, lo cual aún así, debe resultar sumamente incómodo y violento para la estresada mamá, por lo que mejor nos centraremos en el biberón. En la comida solemos tener un momento normalmente elogiado entre vítores cuando el protagonista captura ansiosamente la tetina, (¡Ahí es cuando realmente sonríe nuestro pequeño!), cerrando los ojos y disfrutando de uno de los mejores momentos del día, acurrucado con su mamá o con su papá y con la tripita calentita. Suele sudar con la ingesta el comensal, siendo el sudor rápida y cariñosamente eliminado por los esforzados padres, que están encantados por la cara de felicidad del peque de la casa. 

Una vez terminada la ingesta, el bebé ha de expulsar los gases, y para esta labor, nunca faltan voluntarios. Una vez en posición el rorro es sometido a una paliza sistemática, pues toda maniobra de este tipo que no realice uno mismo, es claramente, una paliza en toda regla. Suele estar el nene con la cabeza apoyada en el hombro del agresor, “Es por sueño” dice la mayoría, pero en realidad es por el cansancio de la tunda a que está siendo sometido el pobre. 

 Cuando por fin el aire es expulsado, suele ser con la energía y la fuerza propias de una tormenta tropical, rizando el pelo al invitado más próximo y siendo derribado por su potencia el bisoñé del Yayo, el cual se queda tan descapotado como asombrado por la fuerza del vapor infantil.

 Por la intensidad del bramido del peque podríamos pensar que la leche infantil en realidad es un derivado de los refrescos de cola.

Terminamos este relato con la escena del apurado Yayo recogiendo su postizo y la felicidad de nuestro nene con la tripita llena y listo para volver a la tan preciada y tan nuestra, hora de la siesta. Felices Sueños.

J.L.Solís

lunes, 22 de agosto de 2011

EL RETO DEL REGALO DE LOS HIJOS (II): - LA PRIMERA EXCURSION -


Me gustaría hoy agradecer la oportunidad brindada desde este blog para poder transmitir de forma desenfadada mi visión sobre la experiencia ser papás y haber contribuido junto con el apartado anterior, a que alguien se pueda sentir al menos tentado de experimentar lo maravilloso de la paternidad/maternidad, sobre todo, a lo extraordinario de dar paso la vida, eclipsando así el egoísmo y la comodidad a que hemos sometido nuestras vidas, sustituyendo el regalo de los hijos por un segundo coche, la casa en la playa, el iphone  y todos estos elementos que llenan de forma artificial nuestras vidas.

Quiero esta vez compartir la odisea que supone la feliz salida de la clínica con el primogénito hacia el dulce hogar.

Comenzamos esta afanosa aventura, llevándonos un sinfín de bombones, flores y muñecos, en una primera incursión a la residencia familiar para verificar que todo se encuentra en perfecto estado de revista para la recepción del nuevo monarca del hogar, no sin antes recibir un mareante aluvión de recomendaciones, consejos de familia y amigos sobre el mejor acomodo y distribución de accesorios del mobiliario que ha de arropar al principito en su nueva estancia, eliminando a su vez y sin desgana, cualquier rincón destinado a la evasión del día a día que pudieran tener los papás. Comienza una agitada etapa en sus vidas.

 Ya en la morada, se revisa, desde el montaje de la cuna, que ha de ser inspeccionado por un técnico cualificado al efecto, hasta la ubicación de la misma, teniendo en cuenta la orientación del sol, la perfecta alineación del enrejado que protegerá al bebito de una caída segura y por supuesto, que éste resistirá los envites del Hércules que cobijará en las largas noches. Como es lógico, se comprueba también, la humedad relativa del aire, así como la dirección del viento y que la temperatura a la hora de la recepción, será la idónea.




 Tras esta tarea no poco aparatosa, se inspecciona el vehículo que debe tele transportar al delfín sin el más leve contacto con el contaminado aire de la ciudad, al ya cargado ambiente de la residencia familiar, eso sí, con la humedad relativa ideal para estos casos. Después de comprobar que el habitáculo no entraña riesgos para el futuro viajero, llega la penosa tarea de acomodar el maxi-Cosi según las instrucciones tan poco intuitivas como útiles, estando además  el artefacto ideado de forma antinatural, ni se acerca a la comodidad obtenida, de haberlo diseñado un padre primerizo.

  Continuamos desembalando una interminable lista de complementos infantiles para el esperado viaje, unos inútiles parasoles para las ventanillas traseras del coche, que eso sí, han sido obtenidos sin reparar en gasto en la mejor tienda especializada y con todas las homologaciones existentes, claro, que ya podían haber homologado también las ventosas que los fijan a la ventana, ¡Casualmente siempre se despega el parasol del lado del niño!

     El hábil empleado del comercio que se encargó de adjudicar todos estos enseres (y otros que no nombro por no extenderme demasiado), se otorga también la genial idea de ofrecer además, un espejo retrovisor auxiliar para no perder de vista a nuestro pequeño, (ni que fuera a salir corriendo el pobre), junto con un “utilísimo” organizador de artículos de primera necesidad para los viajes en coche,  artículos que son sometidos a valoración sobre si debe, o no instalarlos, ya que de no ser así, existe un altísimo porcentaje de probabilidades de ser gravemente amonestado por la mamá, mientras que si se opta por su colocación será, seguro, motivo de chanzas y bromas varias por parte de los amigotes, que no despreciarán semejante oportunidad para torturar a los papás aún más si cabe.

   Ya resignado el patriarca y aceptadas las modificaciones de primerísima necesidad en el mancillado vehículo y de camino a la clínica a recoger al nene y su mamá, tenemos la sensación de que en cada semáforo rojo, somos inspeccionados a conciencia con cierta reprobación debido a las llamativas mejoras sufridas por el ahora taxi familiar.

    Por fin llegamos al final de este interminable circuito con el regreso a la maternidad, encontrándola para horror del papá, de nuevo repleta de flores, bombones y muñecos, algún guasón ha esperado oportunamente al término del porte inicial para volver a colmar de presentes a los ocupantes de la habitación, con el resultante “agradecimiento” al regreso del papá con complejo de transportista.

 Tras recuperarse de los calambres producidos por la carga y descarga, se trasladan la mamá y el infante al recién tuneado transporte, ejecutando maniobras con la precisión de un cirujano para su acomodo entre la cantidad ingente de obsequios reaparecidos, gracias a la inestimable ayuda de ese “colaborador” tan oportuno y tan presente en este momento en sus pensamientos, todo esto en medio de una nueva marea de consejos bienintencionados de los asistentes a la “mudanza”.

        El viaje resulta complicado, el nivel de carga del coche es tal, que dificulta la movilidad del conductor, amén de hacer completamente inútil el espejo auxiliar, ya que solo se advierte la presencia del bebé por las quejas de la mamá, no por el “dichoso espejito”; Para complicar aún más la marcha, en cada giro que se produce, el atemorizado guía se cerciora de que exista una prudente distancia respecto del asiento del niño con el resto de vehículos, (no inferior a dos metros), ventanillas subidas para impedir la entrada de contaminación, cierres asegurados, parasoles comprobados y constantes vistazos al inútil espejo auxiliar. Se produce una situación tensa en cada glorieta, pues el sherpa no acierta con el momento idóneo para salir de la plaza sin reducir la distancia establecida para la seguridad de los viajeros, dando varias vueltas a la misma y logrando al final salir del atolladero haciendo uso de esa habilidad que le caracteriza como gran conductor.

        Llegando por fin al hogar, se observa una multitud que se antoja una manifestación, ¡¡ Pero no !!,  para sorpresa de los papás, es un recibimiento en toda regla a la nueva familia, ¿Pero no se habían despedido en la clínica?, se trata del tropel de amigos y familiares que deben tener el don de la ubicuidad, pues misteriosamente estaban en el hospital cuando se fueron y parece que lleven ahí horas. De cualquier modo, y a pesar del cansancio producido por el trance eterno del traslado a la morada, siempre se agradece una bienvenida……

J.L. Solís

lunes, 8 de agosto de 2011

EL RETO DEL REGALO DE LOS HIJOS


Iniciamos hoy la sección de Relatos de nuestro blog. En ella damos la palabra a algunos colaboradores que han tenido la gentileza de contarnos sus experiencias con un toque de humor. 

Y que mejor comienzo que un nacimiento. Nos llega hoy una crónica, desde el punto de vista paterno, de un feliz acontecimiento que cambia la vida de una familia desde el mismo día de la llegada del nuevo miembro. Un relato fresco, en el que muchos nos hemos visto reflejados al ser padres primerizos.


EL RETO DEL REGALO DE LOS HIJOS 
Quienes han tenido la fortuna de tener en la vida el regalo de los hijos me entenderán, y los que no, esperemos que al leer este capítulo no desistan de ello, pues es nuestra mayor apuesta por el futuro.
 “¡Mira que guapo es mi hijo!”, es lo que pensamos todos en cuanto vemos por primera vez a nuestro retoño. A pesar de la confusión del momento, parafernalias hospitalarias, chanzas familiares y demás no hay quien nos convenza de lo contrario, nadie lo hace aunque lo piense, pero si alguien se atreviera a contradecirnos, quedaría desterrado de nuestras vidas de forma fulminante y si está a nuestro alcance, con orden de alejamiento, querella por injurias y ofensa al honor familiar, porque por “poco guapo” que sea, es nuestro precioso niño.
Una vez asumida por la familia y amigos la divinidad del primogénito, pasamos a la siguiente fase, la de los parecidos. 

Tenemos situaciones para todos los gustos, desde el amigo o familiar que seguramente trabaja como agente del CNI por sus dotes de observación y se ha dado cuenta de que tu infante se parece al abuelo Raimundo por la forma tan peculiar del dedo meñique del pié derecho, hasta el sincero de la tribu con el “pues yo no le saco parecido a nadie”, (éste por cierto, podría ser perfectamente un comentario del que suscribe, más por lo original, que por lo sincero) pasando por el cumplidor de la parentela, que en una larga inspección al pequeño ha observado acertadamente que la frente es igualita a la de la recién estrenada mamá, mientras que la mueca del bebito cuando sufre el emerger de una flatulencia a la vez que levanta el brazo izquierdo, es de un parecido innegable al aturdido papá, normalmente los parecidos menos afortunados son siempre para el progenitor.
Inevitablemente llegamos después al trance de la calibración del ya sufrido rorro. 

 Esta fase es normalmente inaugurada por las abuelas en una carrera similar a la de la apertura de unas rebajas (pero más comprensible por su recién estrenado rango de “Yayas”) para tener en sus brazos al angelito, el cual comienza ya a sufrir cierto aborrecimiento, pues el pobre estaba tan cómodo en la tripita de mamá… y ahora se encuentra en el carrusel de los brazos de la familia tras los lógicos comentarios del tipo “que tranquilito es”, cuando lo cierto es que está en un intento desesperado de evadirse de una realidad a la que ha sido arrojado sin preaviso.

  ¿Quién se ha tomado la licencia de sacarle de su cálido descanso para llevarle fuera de su mamá y someterle a semejante estrés?, el pobre no se acerca siquiera a imaginar donde se ha metido.
 Otra etapa de este primer día frenético en el mundo exterior, es la de la ver que todo está en su sitio y funciona correctamente pero ¿es necesario?, ¡¡si ya se lo han hecho al pobre en su primer minuto en el mundo exterior!!, pero no debe ser suficiente, así que le toca someterse a todo tipo de movimientos más propios de una sesión de spinning que de un reconocimiento médico.
Comenzamos con movimientos sistemáticos de los brazos, seguidos por cadera, piernas y así con todas las partes de cuerpo que se puedan imaginar, incluso algunas desconocidas hasta el día de hoy por los asustados y noveles padres, todo esto entre sonrisas de los asistentes mientras contemplan el desmontaje del protagonista del día.
Uno de los padres por fin sale de su letargo y alza una protesta por la sesión gimnástica a la que es sometido el pequeño, acallada inmediatamente por algún ilustrado y desnaturalizado agregado con un comentario tipo “tranquilo, que no se rompe”, ¡Ya ves el listillo!. Este no suele ser familiar directo…
Tras ser rescatado por los brazos de papá y recuperar cierta tranquilidad, llega la hora de comer y acurrucarse en el pecho de mamá, momento esperado por el retoño en este mundo en el que aun no le dejan acomodarse.
 Este acontecimiento suele ser un poco incómodo para la aún confundida madre, ya que los asistentes desean presenciar el tierno evento, hasta que el avispado agente del CNI en un alarde más de su capacidad de atención y anticipación a situaciones peligrosas, evita un ambiente incómodo a los padres invitando a los asistentes a tomar un poco el aire, dejando a éstos la intimidad que la circunstancia requiere, momento que no debe ser fácil para la criatura, pues otra vez se empeñan sus padres en ponérselo difícil, ¡¡¡Vamos a ver, si antes me alimentaba sin esfuerzo alguno!!!, ¿porqué ahora debo trabajar para ello?
Una vez realizada la cansada y dura tarea de alimentarse por primera vez llega otra nueva tortura, ¡¡¡El cambio de pañal!!!. Esta arriesgada maniobra suele ser realizada por el intrépido padre en un alarde de caballerosidad hacia la convaleciente y aún agotada mamá, demostrando así a familiares y amigos su enorme apoyo e implicación en las tareas domésticas.
Todo este despliegue de colaboración se realiza bajo la atenta mirada y control del elenco de familiares altamente experimentados en el escatológico arte del reciclaje y limpieza de excreciones de recién nacidos, primero pasamos a la tarea de acomodar a la criatura en una posición apta para la misión, observando cuidadosamente el estado del pañal que trae de fábrica el bebé (pues debió nacer con él) para no quedar en una situación comprometida al colocar el nuevo apósito. 

 Tras retirar los adhesivos y apresar al bebé sometido al experimento por los pies cual pescadilla para descubrir el “pastel”, el papá procede (echando de menos un tercer brazo) a limpiar la zona cero con una toallita húmeda entre aclamaciones, vítores y comentarios de todo tipo por parte del círculo de presentes en la peligrosa maniobra. 

Otra difícil decisión es donde depositar el pañal y las toallitas usadas al efecto, pues si se deja en la cama puede ser considerado una falta grave hacia la mamá, por lo que carente de toda utilidad es descartado y sometido a nueva valoración para buscar con la vista un recipiente adecuado. Tras varios segundos de indecisión y meditación al respecto, de repente el papá se percata de que los elementos nocivos han desaparecido de sus manos gracias a la ayuda inestimable de algún titán anónimo, por lo que se procede a la no menos comentada y arriesgada maniobra de colocación del nuevo apósito, asumiendo el elevado porcentaje de probabilidades de colocar la contraportada en primera página, acto este con el que se rompe la tensión entre aplausos y aclamaciones al héroe del momento.
 Por fin, una vez superadas estas primeras etapas tanto por los afortunados papás como por el martirizado bebé, llegó la hora de descansar hasta dentro de…, Dios mío, los nuevos papás se acaban de dar cuenta de que estas arduas tareas serán constantes a lo largo de las 24 horas del día; pero una sensación inexplicable les recorre el cuerpo al besar al recién llegado a la familia, y lo que hace un momento se antojaba peliagudo, de repente, se torna ahora ilusionante. 

- J.L. Solís.-