miércoles, 18 de mayo de 2011

¿QUÉ ES EL HUMOR? (I)

Afrontar la tarea de definir qué es el humor a estas alturas es algo difícil, como decía Jardiel Poncela pretender definir el humor es como querer pinchar una mariposa con un poste de telégrafos. No por eso los expertos han dejado de intentar saber cómo definir el humor, de ahí las muchas definiciones de humor que han quedado recogidas en la literatura. Cada experto aporta una distinta, aunque en la mayoría de los casos se observa que contienen algunos elementos comunes. Desde este blog trataremos de abordar la definición del humor.

El chiste que podemos leer en internet o que nos cuenta un interlocutor, las viñetas que se publican en los diarios, las películas de los Hermanos Marx-, todo esto es humor, pero también lo es el programa de Los Morancos en televisión o, el de Gomaespuma en la radio, una anécdota que nos cuentan, un lapsus linguae, etc... ¿Qué tiene en común todo esto, para que podamos denominarlo como humor? Por otro lado al abordar estos temas siempre aparecen expresiones como risa, humor o sentido del humor. Pero, ¿realmente son lo mismo? Son estos dos aspectos de los que nos ocuparemos a continuación.

Entrando en materia, lo que tienen en común los elementos citados y otros es que el humor es una actividad humana que experimentamos varias veces en un día habitual, y que no es posible entender sin abordarlo de forma interdisciplinar. Un ejemplo de esto es la reciente International Society for Humor of Studies, ISHS. A ella pertenecen investigadores, que estudian el humor desde campos muy diversos como psicología, educación, literatura, relaciones laborales, enfermería, medicina, cross cultural, antropología, sociología, etología, filosofía…

Siguiendo a Rod A. Martin, (La Psicología del Humor, 2008, Ed. Orión) diremos que en el proceso del humor podemos distinguir cuatro componentes esenciales: contexto social, proceso cognitivo-perceptivo, aspecto emocional, y expresión del comportamiento vocal de la risa.

Además de ser una actividad humana, también es un fenómeno social. Compare, querido lector, cuántas veces al día se ríe sólo (incluyendo sin televisión, ni radio, ni otros dispositivos que la tecnología nos proporciona hoy día y con los que interaccionamos) y cuántas cuando está acompañado. La proporción es abrumadora a favor de cuando existe interacción social. Pero podemos dar un paso más y manifestar que el contexto social del humor es un contexto de juego, sin que por ello deje de ser esencial. Es importante hasta el punto de tener un origen evolutivo en el ser humano, y por tanto le proporciona ventajas adaptativas. (Para Fernando Vizcaíno Casas el humor supone antiviolencia). Se da en todas las culturas, aunque existan distintas normas sobre lo que es adecuado en este ámbito en cada una de ellas. Es por tanto, además de innato, universal en el ser humano. Los niños ríen, inclusive aquellos que no han tenido opciones de percibir la risa de los otros. El humor no conoce límite de edad ni género. Existen evidencias de circuitos cerebrales especializados para el humor y la risa en el ser humano, que se han comenzado a determinar con estudios de imágenes neuronales. Pese a esto hay que romper con ese tópico tan extendido, tanto que para algunos es lo único incuestionable en el campo del humor, de que el hombre es el único animal que ríe, de hecho Darwin ya describió en 1872 la risa emitida por algunos primates. A nuestros “parientes”, los primates podríamos sumar los perros o las ratas, sólo por citar algunos casos.

Otro de los elementos que definen el humor es su componente cognitivo, ya que contiene información que obliga al individuo a procesarla mentalmente, de ahí que cuando no somos capaces de realizarlo no “cojamos” los chistes, por ejemplo. Además hay coincidencia en gran parte de los investigadores, en que el humor implica algo incongruente. Es esto, junto a lo lúdico y lo inesperado lo que constituye la esencia del humor, según Mattehew Gervais y David Wilson (2003). Al proceso mental implicado en percibir la incongruencia humorística Arthur y Koestler lo denominaron bisociación. Esta ocurre cuando se percibe desde la perspectiva de dos marcos de referencia, con sentido de forma independiente, pero no relacionados e incluso contradictorios.

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